martes, 29 de mayo de 2012

Los hijos de la pereza: resistencia al cambio, relegar, victimismo, rechazo, cansancio, bloqueo generalizado.


En los manuales de autoayuda encontramos casi siempre cómo superar el odio, rabia, resentimiento, culpa, depresión, orgullo y otras distintas emociones malsanas pero casi nunca se hace referencia a la pereza.  En cambio esta emoción negativa se encuentra oculta tras una máscara muy variada ya que las emociones negativas o también conocidas por “egos” se suelen ocultar muy eficientemente tras otras muchas facetas, incluso llegamos a pensar que son los demás quienes las padecen.

Lo más importantes es reconocerla y, en ese momento, ya hemos ganado la mitad de la batalla y para ello es fundamental tomar distancia, no identificarnos ya no con esta emoción sino ser meros espectadores de todo cuanto ocurre a nuestro alrededor para ver cuáles son las respuestas o reacciones hacia las circunstancias de la vida. De esta forma podemos formar una idea muy clara de los resortes, tendencias que están actuando.

Una naturaleza perezosa parte de un juicio de valor pues le damos o quitamos importancia a algo, por ejemplo, nos ofrecen un trabajo y, casi de forma instantánea, surge un pensamiento: es que.... no entra en mis expectativas, no voy a ser capaz, no es para mi… cuando, ni siquiera lo hemos probado y, por lo tanto, no tenemos ni idea si se va a ajustar a esos parámetros.

Por lo tanto, nos puede provocar una resistencia al cambio pues se opone a todo lo que aparece por el horizonte, de antemano, formando un juicio de valor que, seguramente, no tiene ningún fundamento.  WALNUT.

Esta resistencia requiere mucha energía para llevarla a cabo lo cual conduce a… cansancio el cual puede ser extenuante. HORNBEAN, si es un cansancio mental y si es físico o de mucha duración, OLIVE.

Una visión negativa de la realidad ya que, como no quiere hacer nada… todo lo ve malo, entonces se encierra en un pequeño escondrijo y no sale de ahí. GENTIAN, para el pesimismo. MUSTARD, para apartar la nube negra o GORSE para recuperar la esperanza.

La vida es fluida y emplea la ley del mínimo esfuerzo pero la resistencia a este fluir que provoca la pereza y, al no querer paralizarnos, nos lleva a un doble esfuerzo, pudiendo trabajar hasta la extenuación. OAK. Por otro lado, si tenemos la sensación de no querer hacer algo o “no dar ni palo” y nuestra conciencia así lo delata, sufrimos el complejo de culpa, PINE.

De forma casi imperceptible también se extrapola en exigencia: dado que es un valor muy en alza en la sociedad exigir tanto y más, todo lo que no se adapte a nuestra particular y corta visión de las cosas, provoca un rechazo: a ser sensibles, a tomarse su tiempo, al polen, gramíneas, a poner un dedo encima de nadie… al amor, BEECH.

Como no se acepta lo que viene, de repente, urge saltarse la vivencia, produciendo una prisa desenfrenada, IMPATIENS. Como también da lugar a un odio o resentimiento interno ante esa situación, HOLLY; así como el sentirse víctima de lo que ocurre, WILLOW. O también puede provocar una evasión de responsabilidad, CLEMATIS.

En fin que podemos ver hasta donde llegan los tentáculos de la pereza, la cual, básicamente, en sus inicios, se combate con HORNBEAM ya que este remedio actúa para un estado de cansancio, aburrimiento, rutina mental ante determinadas experiencias pero que, en otras distintas más divertidas o que nos gustan más… desaparece, por lo tanto, no es un cansancio físico.

La vida es activa y fluida, basada en el cambio, exactamente lo contrario de lo que busca la pereza: una especie de muerte en el sentido más literal de la palabra, por lo tanto, la forma más efectiva de combatirla es aplicando la consciencia, siempre actuando desde el Ser y, en definitiva, ayudándonos con las maravillosas flores.

Artículo afín: Pereza a fondo, de Jorge Lomar en la revista Universo Holístico, nº 48.  

1 comentario:

Purificación dijo...

La materia, el mundo material tiende a la inercia, a la petrificación y, a la vez, nos atrae e inutiliza tremendamente, como si fuera alquitrán... dando lugar a la pereza y, en su extremo, a la no-vida o una vida de zombi... no hay más que ver la mirada de muchas personas que se pierde en el vacío... todo lo contrario a lo que vive y nos demuestra a cada momento la naturaleza donde nada está quieto, todo se mueve, transforma, cambia de una forma a veces tan sutil e imperceptible... la madre natura, la verdadera guía.
Ya lo decía Fray Escoba, el primer santo negro, cuando le preguntaban porqué se pasaba el día barriendo, a lo que el contestaba: porque hay que hacer lo contrario de lo que pide el cuerpo... sabio pensamiento.